miércoles, 11 de diciembre de 2013

Conociendo + Cuba desde todas las aristas I

Conociendo + Cuba desde todas las aristas I 

Hay personas de mente estrecha y que son inmaduros emocionalmente. Prefieren seguir como están porque los cambios y las inseguridades los asustan. En cuanto tienen una forma de hacer las cosas que les resultan provechosa no quieren abandonarla. Evitan los pensamientos y las decisiones que usan la mente de forma compleja. Sus limitaciones para tener ideas y sentimientos elevados hacen que a menudo muestren poca preocupación por el prójimo. Esos son los que comúnmente son llamados “conservadores” y a su manera de pensar, “conservadurismo”.
Es importante entender que el conservadurismo no es una posición extrema en la vida de la cual uno puede distanciarse moviéndose restringido a una línea. Es un estado primitivo del cual uno puede apartarse avanzando de diferentes formas. La costumbre de agrupar a todos los que han evolucionado o no han sido formados como conservadores, llamándolos a todos “liberales” en mayor o menos grado, es simplista y crea confusión.
Como parte de esa costumbre está la clasificación como “liberal” o “conservador” según la posición que se tenga en un tema importante. Una forma de mostrar que esa clasificación es también errónea, es ver mis propias posiciones en algunos temas importantes. ¿Soy yo “conservador” o “liberal”? (Respuesta: Soy sólo un humanista que trata de usar la rica comprensión humanista de la vida para decidir sobre esos temas, luego sólo podría decirse que soy “no conservador”.)
Aquí van algunos planteamientos míos:
1. Sobre servicios sociales. Es un principio de la vida que cada individuo es totalmente responsable de su bienestar y el de sus descendientes. La sociedad no *tiene* que alimentarlo a usted, ni educarlo a usted, ni hacerse cargo de que su salud esté bien. La sociedad humana es fundamentalmente una asociación para la colaboración, imprescindible para nosotros los humanos, pero no es una entidad independiente para recostarnos a ella. Aunque si una sociedad humana mínimamente desarrollada no debería dejar que miembro alguno pase hambre, ni que sufra de una enfermedad atendible, ni puede dejar que niño alguno crezca sin una formación apropiada. Una sociedad moderna con un mínimo de desarrollo se ocupa de que todos sus miembros sean cultivados como hace falta para que puedan sostenerse bien individualmente y puedan contribuir al desarrollo y bienestar comunes.
2. Sobre derecho a reproducirse. Todo adulto saludable tiene derecho a concebir y criar al menos un niño, cuyo bienestar es su completa responsabilidad, compartida con el otro progenitor; teniendo esa responsabilidad la máxima prioridad en el uso de los recursos de ambos. Si es un hecho probado que los padres no pueden proveer los medios para la crianza adecuada de un niño, la sociedad debe complementar con los medios que sean necesarios; al tiempo que debe tomar las medidas que sean apropiadas para evitar que esos padres continúen procreando mientras no tengan los medios adecuados para ello. Seguramente esta limitación pudiera flexibilizarse en casos en que se cuente con el compromiso formal de otros de proveer para el sostén necesario de los niños.
3. Sobre homosexualidad. La homosexualidad es una anormalidad seria, que para enfrentarla apropiadamente hay que seguir estudiándola a fondo para conseguir corregirla o evitarla. No es una simple “preferencia” sexual más. Un homosexual es, independientemente de todos los esfuerzos por negarlo y ocultarlo, una persona desafortunada que necesita toda nuestra ayuda y compasión. Si sólo los “entendemos” y “aceptamos” les estamos dando la espalda.
4. Sobre educación. Para cumplir con lo antes dicho la educación apropiada de un niño debe ser una responsabilidad de sus padres, como lo es de toda su crianza. Lo que la sociedad puede y tiene que hacer es definir normas de efectividad reconocida para la educación y crianza de los niños, y hacer lo necesario para que esas normas sean cumplidas. Y, igualmente, siempre que se pruebe que a unos padres les faltan recursos para educar o criar a un niño, la sociedad debe complementarlos como sea necesario.
5. Sobre reclusión carcelaria y pena capital. Las prisiones son instituciones muy importantes en la sociedad. La reclusión carcelaria tiene que ser con fines correctivos, no como simple castigo o aislamiento de personas peligrosas. Las prisiones pueden y tienen que ser bien duras para sus reclusos sin en caso alguno violar la dignidad ni la integridad física de éstos. La dureza carcelaria puede y debe ser variable en las dos direcciones, desde moderada hasta extremadamente dura según sea el comportamiento que vaya teniendo el recluso. Terminar con la vida de algún criminal es necesario en casos extremos, pero tiene que hacerse por los medios más humanitarios posibles.
6. Sobre inmigración ilegal. Nada ilegal puede ser tolerado, sino que tiene que ser llevado a lo correcto. Tratar a inmigrantes conocidos como ilegales como si no lo fueran es una falta de respeto al funcionamiento básico de un país. Sin embargo, una permanencia prolongada en el país de un ilegal que lo ha hecho de forma decente y constructiva debe ser una consideración importante para legitimar su residencia.
Las posiciones anteriores podrían se calificadas de “conservadoras”. Pero tengo yo también posiciones “liberales”:
1. Sobre pertenencia de la patria. Cada nación pertenece a quienes sean sus miembros en cada momento. Una nación evoluciona, crece y acumula cultura. Los fundadores de una nación le hacen un aporte de gran importancia pero no le sellan su destino. Hasta un documento constitucional que haya definido a una nación podría ser reescrito por sus miembros presentes.
2. Sobre propiedad de recursos naturales. Los recursos no generados y otras riquezas de una nación pertenecen a perpetuidad a todos sus miembros, de forma colectiva. Eso incluye *todas* las tierras y otros recursos naturales. La explotación o uso de todos esos recursos debe realizarse sólo mediante concesiones sociales bajo condiciones especificadas.
3. Sobre ganancia de riqueza. Toda riqueza legítimamente ganada pertenece exclusivamente a su o sus dueños. Estos no están obligados a compartirla y no deben ser despojados de ella. Esas ganancias son legítimas si representan el equivalente de lo dado a la sociedad en su adquisición
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